ArbiLex: Inteligencia Artificial en el Arbitraje Internacional

Trabajo de investigación presentado durante el 1º bimestre del año 2021 por la alumna Sophie Nicole Videau Denes en el contexto de la asignatura «Inteligencia Artificial y Derecho», dictada por la Profesora Cecilia C. Danesi en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.



“No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”

(Víctor Hugo)



I. Introducción


Es indudable que el desarrollo de las nuevas tecnologías se encuentra en pleno auge, y en los últimos tiempos han ido apareciendo diversas innovaciones ciertamente disruptivas que abren la puerta a un sinfín de interrogantes sobre los que merece la pena reflexionar, especialmente desde una perspectiva jurídica.


Así, en los últimos años, la inteligencia artificial (IA), la big data, las técnicas de machine learning y deep learning, la ciencia de datos, las tecnologías de registro distribuido, o los Smart Contracts, por mencionar solo algunas tecnologías, han avanzado a pasos agigantados, adquiriendo cada vez mayor protagonismo en los debates jurídicos actuales, toda vez que nos invitan a repensar ciertas categorías jurídicas tradicionales y la necesidad de una posible readecuación del marco normativo actualmente vigente.


En este orden de ideas, en el presente trabajo me interesa examinar brevemente la utilización de inteligencia artificial en el marco del arbitraje internacional. Particularmente, me interesa examinar la plataforma ArbiLex, una startup de análisis de datos para arbitrajes internacionales, que a través de inteligencia artificial asiste a las partes para que puedan tomar mejores decisiones, resolviendo así sus controversias de modo rápido y eficiente, permitiendo a su vez reducir riesgos, costos y errores innecesarios, propios del procedimiento arbitral convencional.


Y por último, me interesa analizar brevemente la posible aplicación conjunta de Smart Contracts[1] y sistemas como ArbiLex, analizando algunos aspectos de tal modalidad contractual en relación a diversas cuestiones propias del arbitraje, como son: enforceability del laudo, territorialidad, cuestiones de derecho aplicable, cuestiones relativas a la jurisdicción internacional, entre otras.



II. ArbiLex. Cómo funciona. Principales caracteres.


ArbiLex es una plataforma creada por Isabel Young[2], que usa Inteligencia Artificial y análisis predictivo para mejorar la eficiencia del procedimiento arbitral. Se trata de una tecnología que utiliza modelos probabilísticos para determinar si un caso resultará favorable para una u otra parte, en base al reconocimiento de patrones que surgen de distintos precedentes arbitrales y jurisprudencia (case law). Particularmente ArbiLex basa su sistema en datos tomados del arbitraje de inversión estatal, donde los laudos en general son de acceso público, logrando de este modo superar la dificultad que plantea la cuestión de la confidencialidad, característica propia del procedimiento arbitral, en relación a la recolección de datos, aspecto imprescindible para cualquier sistema que utiliza inteligencia artificial.[3]

Así, la compañía ofrece dos productos: por un lado, acceso a una plataforma online de análisis de datos, a través de la cual se puede obtener diversas perspectivas (enfoques) en relación a la solución de determinadas disputas, en sólo unos segundos, y por otro lado, ofrece la posibilidad de obtener un informe predictivo confeccionado a medida, permitiendo a los usuarios tomar importantes decisiones para su caso en base a resultados personalizados arrojados por la plataforma.[4]


De este modo, ofrece una variedad de herramientas que colaboran con los distintos sujetos que intervienen en un arbitraje (principalmente abogados, clientes y empresas que financian a las partes), permitiéndoles, entre otras cuestiones, prever posibles resultados del caso, establecer cómo abordar posibles estrategias, decidir si aceptar o no los acuerdos o resultados obtenidos y en qué medida, elegir a los árbitros más idóneos para la conformación del tribunal arbitral, o bien, gestionar cuestiones relativas al presupuesto o los tiempos del arbitraje.


En este orden de ideas, se trata de una plataforma que a partir de un modelo probabilístico, analiza y cuantifica el impacto de diversas variables y aspectos de casos que han resultado exitosos, y en base a ello, de algún modo “asesora” a las partes en relación a la mejor estrategia a adoptar, ayudándolas a transitar el procedimiento arbitral de la forma más eficiente posible, obteniendo con ello mejores resultados. Tal modelo probabilístico se encuentra basado no solo en laudos arbitrales sino también en diversos aspectos considerados por los abogados al momento de diseñar la estrategia del caso. Es decir, el algoritmo utilizado por ArbiLex incorpora especialmente la experiencia y consideraciones de expertos en el tema, y en base a ello, asesora a las partes en la toma de decisiones críticas como lo es, por ejemplo, la elección del tribunal arbitral.



III. Inteligencia artificial y arbitraje


En lo que hace a la utilización de nuevas tecnologías para la resolución de controversias, resulta relevante diferenciar y analizar dos categorías de herramientas: por un lado, aquellas utilizadas para mejorar la eficiencia de los procesos judiciales y/o arbitrales, y por otro, aquellas herramientas utilizadas para decidir o predecir el resultado de un procedimiento judicial/arbitral. En las siguientes líneas me concentraré en analizar particularmente el uso de tales herramientas en el contexto de los procedimientos arbitrales, y algunas de las cuestiones que implica su utilización.[5]


En relación a la primera categoría, tales herramientas han sido ampliamente receptadas por los usuarios del arbitraje internacional por los innegables beneficios que traen aparejadas. Se trata de herramientas de IA “estrecha”, es decir, limitadas a realizar ciertas tareas específicas, que contribuyen a la reducción de costos y tiempos del procedimiento, uno de los principales desafíos que plantea hoy el arbitraje internacional.


De modo que las mencionadas herramientas, recurriendo a la utilización de datos, machine learning, análisis de modelos predictivos, etc., ayudan indudablemente a las partes a evaluar con rapidez la enorme cantidad de documentación que suelen contener los casos sometidos a arbitraje. En este sentido, las asisten en la preparación del caso automatizando tareas como la revisión de documentos, lo cual a su vez impacta significativamente, por ejemplo, en la ganancia por retorno de inversión. A su vez, ayudan a mejorar los posibles resultados del arbitraje al brindar mayores certezas en cuanto a la solución más satisfactoria, mayor transparencia en el procedimiento en general y una disminución de los casos que llegan a instancias judiciales; los abogados estarán sujetos a un menor sesgo de confirmación[6] y podrán brindar mayor y mejor asesoramiento a los clientes, respaldados por una enorme cantidad de datos reales, que han sido analizados y verificados con asistencia de la tecnología; entre otros.


Por su parte, respecto de la segunda categoría existe cierto recelo, rechazos e incertidumbres, toda vez que las herramientas tecnológicas para la predicción o toma de decisiones presentan ciertas complejidades. En este caso, la IA permitiría una posible predicción de laudos arbitrales, y eventualmente, su propia elaboración.


En primer lugar, dado que la mayoría de los laudos arbitrales son confidenciales, ello dificulta la recolección de datos necesaria para entrenar al sistema de inteligencia artificial, impactando directamente en la cantidad y precisión de los resultados obtenidos.[7] En este orden de ideas, cabría preguntarse si el programa está teniendo en consideración para dictar el laudo (o predecir su resultado) todas las particularidades del caso en concreto, o solo algunas características del mismo, toda vez que en virtud de ello la decisión adoptada puede llegar a ser más o menos justa.


Por otro lado, también dan lugar a problemas relacionados con la rendición de cuentas. En este sentido, si no es un ser humano el que está tomando la decisión del caso y, en cambio, se utilizara IA para la emisión del laudo, ¿quién es responsable de la decisión que se toma? Es decir, ante la imposibilidad de explicar por qué o cómo se llega a tal o cual resultado, ¿quién responde por la solución a la que se llega? En este orden de ideas, aparecen los problemas típicos de la inteligencia artificial conocidos como “la caja negra”, donde las diversas técnicas utilizadas, al ser tan complejas y sofisticadas, en muchos casos no permiten demostrar de qué modo se arriba a la solución del caso.


Así las cosas, resolver tales interrogantes adquiere especial relevancia para el derecho, toda vez que entran en juego cuestiones de legitimidad, siendo que los laudos deben necesariamente contener decisiones fundadas y debe poder demostrarse por qué se decide como se decide. Así, si un laudo arbitral contuviera una decisión defectuosa o insuficiente, o bien, no estuviera si quiera fundamentado, se estaría incumpliendo con las exigencias contenidas en la Ley Modelo de UNCITRAL sobre Arbitraje Comercial Internacional (art. 31.2) y demás legislaciones y reglamentos arbitrales que regulan la cuestión en el mismo sentido.


Pero incluso también cabe preguntarse si podría un cliente responsabilizar a su abogado por no seleccionar un árbitro idóneo para la disputa, en el caso de un abogado que hubiera utilizado un sistema de IA para designar al árbitro correspondiente. O bien, en el caso de la IA que brinda la solución del caso, ¿podría el árbitro apartarse de tal solución si quisiera?


En definitiva, aparecen una serie de interrogantes que nos llevan a examinar algunas otras cuestiones. Quizás uno de los aspectos centrales a considerar sea la redacción de las cláusulas contractuales, pero no solo de las cláusulas compromisorias o de prórroga de jurisdicción, sino también los términos de la relación jurídica entre cliente-abogado, toda vez que si el abogado, por ejemplo, promete predecir el resultado del arbitraje, se estaría comprometiendo a una obligación de resultado, lo cual tendría incidencia en la atribución de responsabilidad profesional.



IV. Posible aplicación conjunta de Smart Legal Contracts y sistemas de inteligencia artificial: algunas reflexiones desde el Derecho Internacional Privado


En las siguientes líneas me interesa analizar muy brevemente, desde la óptica del Derecho Internacional Privado, algunas cuestiones relativas a los contratos inteligentes (o Smart Contracts) combinados con sistemas de inteligencia artificial similares a la plataforma ArbiLex.


En primer lugar, resulta necesario señalar que la utilización de contratos inteligentes es otra de las tecnologías que también se encuentra en pleno auge, adquiriendo cada vez mayor protagonismo y relevancia actual, tanto a nivel comercial como legal. Se trata de códigos informáticos programados para autoejecutarse en forma autónoma, sin la intervención de las partes ni de terceros intermediarios, y en forma automática, toda vez que utilizan la estructura condicional “if-then” (“si X, entonces Y”) en la que si se cumple la condición estipulada previamente, entonces se producirá automáticamente el resultado programado. Para ello, utilizan tecnologías de registro distribuido (DLT, por sus siglas en inglés), como por ejemplo la blockchain[8], que garantizan la transparencia y seguridad de las transacciones, e impiden la falsificación de las operaciones. A su vez, cabe señalar que en muchos casos se valen de herramientas conocidas como “oráculos”, que permiten validar cláusulas del contrato en base a información externa a éste, pudiendo ser considerados como una especie de “tercero digital”, programado para interactuar con el mundo exterior, y en virtud de lo cual se actualizará información interna del contrato inteligente, autorizando o no la ejecución propiamente dicha de la obligación contenida en el contrato.


En nuestro ordenamiento jurídico no contamos con legislación específica, pero sí cabe afirmar que mientras se trate de un acto voluntario lícito (ejecutado con discernimiento, intención y libertad, y manifestado por un hecho exterior), cuyo fin inmediato sea la adquisición, modificación o extinción de relaciones o situaciones jurídicas, donde dos o más partes manifiesten su consentimiento para crear, regular, modificar, transferir o extinguir relaciones jurídicas patrimoniales, entonces estaremos en presencia de un contrato (conforme artículos 259, 260, 957 y concordantes, del Código Civil y Comercial de la Nación).


De todos modos, resulta necesario admitir que se trata de una nueva modalidad contractual que en lugar de utilizar lenguaje natural está escrita en lenguaje de programación (código informático), con lo cual resultaría conveniente contar con un marco regulatorio específico, sobre todo en relación a determinados aspectos. Así, por ejemplo, al ser capaces de autoejecutarse, en principio ya no habría necesidad de intervención de los tribunales judiciales para la interpretación de las cláusulas contractuales, o bien, la ejecutabilidad del contrato, puesto que a su vez ésta es automática. Entonces, ¿eventualmente podría llevarse el contrato inteligente ante los tribunales judiciales?¿cómo se determina legalmente la veracidad de la información contenida en la blockchain, toda vez que se trata de una tecnología esencialmente anónima y descentralizada?¿contamos con la infraestructura tecnológica adecuada para producir la prueba necesaria que acredite los hechos invocados? ¿Cómo determinar el valor de las transacciones realizadas a través de este tipo de instrumentos, toda vez que en muchos casos han recurrido a criptoactivos, que no cuentan con regulación suficiente en la gran mayoría de los países?


Por otro lado, en relación a su posible aplicación conjunta con sistemas de inteligencia artificial, particularmente y en lo que aquí interesa, surgen una serie de interrogantes en relación a la territorialidad, ejecutabilidad de los laudos (enforceability), derecho aplicable, y cuestiones de responsabilidad (liability) y protección de datos (data protection), entre muchas otras.


Por ejemplo, debido al carácter descentralizado de las DLT en las que se basan los contratos inteligentes, cada nodo de la red podría estar sujeto a una regulación distinta, dando lugar a incertidumbres y/o incongruencias respecto al derecho aplicable. Asimismo, en materia de responsabilidad civil extracontractual (tort liability), muchos ordenamientos jurídicos establecen como ley aplicable en determinados supuestos a la ley del lugar donde se produjo el hecho generador del daño. En tal caso, al tratarse de tecnologías blockchain, puede no quedar del todo claro en qué lugar se produjo el hecho que genera el daño, o puede ser muy difícil de determinar. Entonces, ¿cómo se llevaría a cabo tal determinación? ¿o habría que aplicar supletoriamente la ley del lugar donde el daño produce sus consecuencias dañosas directas? Los mismos interrogantes surgen al momento de determinar la jurisdicción competente.


En esta misma línea de reflexión, el escenario ideal sería que las partes eligieran la ley aplicable al contrato, particularmente la ley que gobernará los aspectos relativos a la blockchain. De todos modos, incluso cuando las partes elijan el derecho de un Estado que haya regulado ciertas cuestiones relativas a los Smart Contracts, o a algunos de sus elementos, si resultara competente el juez de un Estado cuyo derecho no contiene ninguna previsión al respecto, o bien, la aplicación de tales normas fuera contraria a su orden público, habría que ver de qué modo los tribunales aplicarían tales normas y/o adaptarían las normas del derecho extranjero que resultara aplicable al caso, y eventualmente, cómo ello incidiría en la eventual ejecutabilidad del laudo.

En este orden de ideas, en principio pareciera que la utilización conjunta de contratos inteligentes y sistemas de IA permitiría superar los problemas relativos a la eficacia trasnacional del derecho, toda vez que implicaría la total exclusión de jurisdicciones nacionales para la resolución de controversias.[9] Es decir, si las partes crearan sus propias normas para regular su contrato y eligieran el arbitraje internacional basado en IA como método de solución de eventuales controversias, y considerando que tales sistemas contaran con la colaboración de oráculos para laudar, en tal sentido, se trataría de contratos autosuficientes que no requerirían asistencia de ningún Estado para lograr su cumplimiento (voluntario ni forzoso). Incluso cabría pensar en dicha solución como una forma de “arbitraje inteligente”, que en principio no requeriría de la intervención humana en ningún momento del proceso, salvo para la creación del contrato. De todos modos, tal escenario describe una situación ideal, por el momento un tanto alejada del estado actual en que se encuentra la celebración de contratos y los métodos alternativos de solución de disputas.


Por último, resulta interesante mencionar que en septiembre de 2019 el Observatorio de Blockchain de la Unión Europea publicó un informe en relación a la necesidad de contar con un marco legal y regulatorio claro para las blockchains y los Smart Contracts. El documento hace referencia a algunos de los interrogantes mencionados, planteando una serie de recomendaciones y principios rectores en pos de garantizar su mejor tratamiento y adecuada regulación.[10]



Reflexiones finales


A modo de conclusión, me atrevo a decir que se trata de tecnologías verdaderamente disruptivas que, buscando mejorar la eficiencia de diversos procesos, implican una verdadera revolución en cuanto a la forma tradicional en la que concebimos ciertas categorías jurídicas.


Por un lado, y en el caso bajo análisis, la novedad que implican en relación a la automatización en la toma de decisiones nos obliga a reconsiderar si el modo en el que venimos llevando a cabo la solución de controversias resulta el más eficiente/apto, demostrando que aún queda un largo camino por recorrer y diversas áreas por mejorar. Y a su vez, nos invitan a reflexionar sobre nuevos aspectos del procedimiento arbitral a fin de lograr un tratamiento jurídico adecuado y acorde a los tiempos actuales.

Personalmente, considero que resulta imperiosa la armonización trasnacional de las regulaciones en la materia y de los derechos internos de los Estados, en pos de lograr la uniformidad normativa que permita brindar certezas, reducir potenciales riesgos y favorecer el correcto desarrollo de las diversas operaciones.


En definitiva, me interesa resaltar que dicha tecnología no fue vista como un sustituto para la toma de decisiones, siendo que aun hay gran resistencia a la automatización total del procedimiento arbitral. Sin embargo, sí cabe asegurar que se considera a la inteligencia artificial y demás disciplinas relacionadas a ella como una gran herramienta de asistencia para todos los sujetos involucrados en un arbitraje, especialmente valorada como herramienta de gestión de riesgos por los estudios de abogados que se especializan en arbitraje y las compañías que los financian, toda vez que resulta ciertamente atractiva la idea de mejorar la eficiencia, logrando reducir errores, tiempos y costos.


Entonces, inevitablemente aparece la pregunta que nos hacemos siempre al hablar de inteligencia artificial, esto es, si los humanos seremos definitivamente reemplazados por las máquinas. Por el momento todo indica que no, ya que la tecnología detrás de tales sistemas se basa principalmente en el análisis de correlaciones estadísticas, sin dar lugar a ningún tipo de razonamiento legal, con lo cual, no parece posible que los algoritmos eventualmente puedan actuar en lugar de los árbitros de modo integral.



Bibliografía


ARGERICH, Guillermo y JORGE, Juan, La inteligencia artificial en la toma de decisiones. ¿Hacia el determinismo arbitral?, LA LEY, 14/02/2020, Cita Online: AR/DOC/268/2020

ARGERICH, Guillermo y JORGE, Juan, Las nuevas tecnologías ¿al servicio de los operadores del arbitraje internacional?, CARTAS BLOGATORIAS, El Blog de los Litigios Internacionales, 10 de Diciembre de 2019, consultado en: https://cartasblogatorias.com/2019/12/10/las-nuevas-tecnologias-al-servicio-de-los-operadores-del-arbitraje-internacional/ el 31 de marzo de 2021.

CÓDIGO CIVIL Y COMERCIAL DE LA NACIÓN

DASO, Frederick, A Harvard Law School Legal Tech Startup, Uses AI To Settle Arbitrations, Forbes, 04 de Febrero 2020, consultado en: https://www.forbes.com/sites/frederickdaso/2020/02/04/arbilex-a-harvard-law-school-legal-tech-startup-uses-ai-to-settle-arbitrations/?sh=98d993b52c51 el 03 de Abril 2021.

ORTOLANI, Pietro, The impact of blockchain technologies and smart contracts on dispute resolution: arbitration and court litigation at the crossroads, Uniform Law Review, Volume 24, Issue 2, June 2019, Pages 430–448, 16 de Mayo 2019, consultado en: https://doi.org/10.1093/ulr/unz017 el 04 de Abril de 2021.

ROE, Benjamin, The Year Ahead - Innovation: A new generation of legal analysis tools is emerging, LEXOLOGY, 21 de Enero 2019, consultado en: https://www.lexology.com/library/detail.aspx?g=fa0aa71b-8a55-4701-b4c6-95ab94aee4e2 el 10 de Abril de 2021.

THE EUROPEAN UNION BLOCKCHAIN OBSERVATORY AND FORUM, Legal and Regulatory Framework of Blockchains and Smart Contracts, 27 de septiembre de 2019. Consultado en: https://www.eublockchainforum.eu/sites/default/files/reports/report_legal_v1.0.pdf?width=1024&height=800&iframe=true



Referencias

[1] En el presente trabajo, en honor a la brevedad me referiré indistintamente a los “Smart Legal Contracts” como “Smart Contracts” o “contratos inteligentes”, a pesar de los matices que pueden establecerse entre unos y otros, puesto que en todos los casos se trata esencialmente del mismo tipo de tecnología, y un análisis detallado de cada caso concreto escapa al tema bajo análisis. [2] Abogada graduada en Harvard, economista graduada en Oxford, Fundadora y CEO de ArbiLex. [3] A diferencia de otras aplicaciones que, por ejemplo, recolectan la data de cuestionarios que hacen completar a las partes con posterioridad al dictado de un laudo, como es el caso de la plataforma Arbitrator Intelligence. [4] Sitio web de ArbiLex: https://www.arbilex.co/welcome [5] Cabe destacar que ArbiLex podría encuadrarse en ambos supuestos, pero principalmente se trata de la primer categoría de herramientas mencionada, esto es, aquellas utilizadas para mejorar la eficiencia de los procesos arbitrales. [6] El sesgo de confirmación o “bias confirmation” es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar, y recordar la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando –desproporcionadamente- menos consideración a posibles alternativas. ​Se trata de un tipo de sesgo cognitivo y un error sistemático del razonamiento inductivo. [7] De todos modos, cabe resaltar que no sería el caso de ArbiLex, ya que han optado por basar su sistema en laudos de arbitrajes estatales de inversión, que suelen no ser confidenciales. Y de todos modos la plataforma no se utiliza para el dictado de laudos arbitrales. [8] Utilizaré indistintamente los términos “DLT”, “tecnologías de registro distribuido” y “blockchain”, para referirme genéricamente a todas las tecnologías de registro distribuido, a pesar de las diferencias que existen entre dichos términos. [9] Cabe aclarar que no es exactamente el caso de ArbiLex, ya que dicha plataforma no emite laudos, sino que asesora a las partes en relación a determinadas cuestiones relativas al procedimiento arbitral. Pero sí puede pensarse en aquellos sistemas similares a ArbiLex que sí proponen la emisión del laudo a través de inteligencia artificial. [10] THE EUROPEAN UNION BLOCKCHAIN OBSERVATORY AND FORUM, Legal and Regulatory Framework of Blockchains and Smart Contracts, 27 de septiembre de 2019. Consultado en: https://www.eublockchainforum.eu/sites/default/files/reports/report_legal_v1.0.pdf?width=1024&height=800&iframe=true