Daños causados en niños, niñas y adolescentes por su exposición en medios de comunicación

Actualizado: mar 26

Trabajo de investigación presentado durante el 2º cuatrimestre del año 2019 por los alumnos Ivana Duarte, Santiago Safuan, Micaela Yurquina y Victoria Iacovantuono en el contexto de la asignatura «Derecho de Daños», dictada por la Dra. Sandra Wierzba en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.





Aclaraciones preliminares: si bien el tema que intentamos abarcar es amplio y, difícilmente, podamos dar una respuesta resolutiva a todos los problemas que el mismo genera, a través del presente trabajo hemos intentado esbozar un abordaje interdisciplinario que permita combatir el flagelo de la sobre-exposición, explotación comercial y la invasión a la privacidad de una de las franjas etarias más vulnerables de nuestra sociedad, los niños, niñas y adolescentes. Al mismo tiempo nos proponemos reivindicar y crear verdadera conciencia a nivel sociocultural de la superlativa importancia de los derechos del niño a ser oído, respetado y protegido. Asimismo, entendemos que no podemos establecer una causalidad directa y genérica entre el daño y la exposición, sin embargo, hemos notado que hay un patrón que se ve repetido en varias personas que han pasado por esta situación, y por ello elegimos mostrar cuáles son estos casos.


¿Pondría la foto de su hijo en la puerta de su casa para que sus amigos vean que fue por primera vez al baño? Seguro que su respuesta sería no. Pero, ¿qué tal en las redes sociales? Muchos padres dirán que no ven nada malo en compartirla, por ejemplo, en Facebook, sin embargo, estarían desconociendo los límites de la privacidad de los menores.


1. Introducción:

Como bien sabemos, los tiempos han cambiado. Con el inicio del siglo XXI y el estallido de lo que se conoce como revolución tecnológica, la “era digital” se instaló en la vida cotidiana de la mayoría de las personas, quienes han incorporado rápidamente este nuevo modo de comunicación constante. De esta manera, se ha hecho prácticamente un hábito que cada evento o situación ocurrida en la vida de alguien, sea publicada en sus redes sociales y medios digitales a fin de que sea conocida por todos. El problema llega cuando esta exposición deja de referirse a la imagen de quien lo publica e involucra a terceros, que quizás no dieron su consentimiento. Es el caso de la exposición desmedida de los menores a través de las redes sociales, para divulgar sus acciones, gestos, expresiones típicas y hasta para comercializar algún producto con la imagen del menor. No creemos que este mal que los padres compartan imágenes de sus hijos o que realicen campañas, pero debería haber un control, dado que muchas veces, es excesivo. Quizás, sin darse cuenta, los mismos padres impulsan esa "instalación'' por Facebook e Instragram, y sin el consentimiento de los menores. El problema muestra su gravedad cuando se accede a estadísticas que señalan que el 50 % de las fotos que circulan en sitios webs que divulgan pornografía infantil salen de posteos ingenuos de los propios padres, quienes suben fotos de sus hijos desnudos, los sobreexponen contra su voluntad, toda vez que un menor de un año, un poco menos o más, carece de posibilidades para oponerse y reclamar su "derecho a la privacidad''.

Actualmente, las redes sociales cuentan con millones de usuarios. Mucha gente comparte allí situaciones de la vida cotidiana, y entre ellos, nos encontramos con los miles de casos de padres que comparten fotos de sus hijos, menores de edad, en alguna situación que a la mayoría les resultaría graciosa, por esos hechos, que escapan a la consciencia de resguardo de los menores en la era de la sociedad del conocimiento y la información. Surge así lo que se conoce como "sharenting''. El término es una asociación en el idioma inglés que une "share'', compartir, con "parenting'', crianza. El "sharenting''[1] promueve el debate y la reflexión sobre las prácticas de padres y madres de sobreexponer a sus hijos en las redes sociales, comunicando información, ofreciendo registros fotográficos o videos de los niños sin ninguna prevención. La obsesión paternal se refleja en otra investigación global que demuestra que al cumplir los 5 años de edad ya existen más de mil fotografías del niño/a circulando por la web haciendo determinadas travesuras, que se han hecho virales, siendo asimismo tomados y colgados en otras páginas por terceros. Porque, como bien sabemos, una vez que una foto o un video es subido a la red, deja de pertenecer a quien lo publicó, perdiéndose el control sobre ello y pudiendo expandirse rápidamente por miles de páginas más en todo el mundo.

Otro de los casos más conocidos actualmente, se trata de las figuras públicas, quienes llevan a sus hijos a los programas en los que participan, los exponen en sus redes sociales constantemente, los hacen realizar campañas publicitarias. Estos niños, poseen la totalidad de sus vidas expuestas en las redes sociales, y ya son conocidos por la mayor parte de la comunidad.

En estas situaciones se encuentra entonces el problema que intentamos tratar mediante nuestro proyecto, porque consideramos que la vida privada de los niños, les pertenece a ellos y no a sus padres, y asimismo, los niños gozan como toda persona del derecho a la intimidad, el cual se vería vulnerado constantemente cada vez que una de sus fotos o videos es viralizada en medios digitales sin consentimiento alguno.

La tecnología plantea el dilema de evitar no solo la exhibición pública de los menores sino, al mismo tiempo, preservarlos de la orfandad digital. Será inútil oponerse al progreso, tanto como negarles a los hijos el uso de esas nuevas herramientas que son tan propias de su generación. No cabe otra solución más que la de la responsabilidad parental por un lado, y la ayuda, asistencia y control cuidadoso de la relación que los hijos, cuando crecen, establecen a través de esos nuevos medios de comunicación.


2. Participación de niños, niñas y adolescentes en medios audiovisuales - trabajo infantil:

En la actualidad no existe un consenso para tratar el tema de la participación de los niños, niñas y adolescentes en los medios audiovisuales en general, por la directa vinculación que surge con la problemática del trabajo infantil. Como es sabido, la Ley de Contrato de Trabajo (Régimen de Contrato de Trabajo impuesto por Ley 20.744 y sus modificatorias) prohíbe el trabajo de las personas menores de 14 años.

Por ello, es de suma importancia determinar cuál es la naturaleza que el Estado Argentino le reconoce a las actividades artísticas, culturales, educativas, entre otras, que realizan los niños, niñas y adolescentes en la televisión y por extensión a Internet y otros medios electrónicos.

La CONAETI (Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infanto-Juvenil) conceptualiza al trabajo infantil como “toda actividad económica y/o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niñas y niños, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o al trabajo, o que no ha finalizado la escolaridad obligatoria o que no han cumplido los 18 años si se trata de trabajo peligroso”[2]. Teniendo en consideración la Convención sobre los Derechos del Niño, UNICEF reconoce y promueve el derecho de los niños y las niñas a participar en la vida cultural y artística, pero considera prioritaria su protección contra cualquier tipo de trabajo que pueda dificultar su educación o ser nocivo para su desarrollo.

La normativa Argentina vigente que consideramos más importante y oportuna para referirnos en el presente trabajo es la Constitución Nacional; la Convención sobre los Derechos del Niño[3] y la ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes[4]; en el marco internacional vamos a tomar en consideración la “Recomendación Relativa a la Condición de Artista”, aprobada por la Conferencia General de Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 1980 y ratificada por Argentina mediante la Ley N° 24.256.

Si bien una Recomendación no tiene la fuerza de un Convenio, sus cláusulas otorgan un marco de protección jurídica social y económica para los artistas. Considera a los mismos como trabajadores de la cultura y en consecuencia, beneficiarios del goce de sus derechos laborales. El artículo 1 entiende por artista “a toda personas que crea o que participa por su interpretación en la creación o recreación de obras de arte, que consideran su creación artística como un elemento esencial de su vida, que contribuye así a desarrollar el arte y la cultura, y que es reconocida o pide que se la reconozca como artista, haya entrado o no en una relación de trabajo u otra forma de asociación”.

En la actividad artística, a veces resulta complejo caracterizar la naturaleza del vínculo laboral. Además, contribuyen a ello los distintos matices de la labor artística, que van desde un actor de máxima cartelera hasta quien hace un bolo televisivo, y la gran cantidad de ramas que tiene esta actividad. “En general el trabajo de artista se presta en condiciones de subordinación económica, es decir, el trabajador al insertarse en una organización empresaria no asume riesgos económicos referidos a los resultados de la empresa, permaneciendo intactos sus derechos laborales, remuneración, etc) aunque la empresa arroje pérdidas”[5].

Cuando se trate de niños, niñas y adolescentes que están por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o al trabajo, o no han complementado el ciclo escolar obligatorio, poco importa determinar si existe o no relación de dependencia, porque el trabajo infantil no refiere estrictamente a la relación de dependencia sino, como ha dicho la OIT, a la “actividad económica cualquiera sea la categoría ocupacional”.

Por todo ello, la Presidencia de la CONAETI entiende que la participación de niñas, niños y adolescentes en los programas de televisión configura trabajos artísticos, y en consecuencia, constituye una de las tantas modalidades que adquiere el trabajo infantil. Salvo que la actividad artística que realicen tenga un fin exclusivamente educativo, cultural y/o recreativo.

Parecería que, con frecuencia, la participación en la TV, en especial de los más pequeños atrae. En los padres se satisfacen sus propios egos, en tanto los hijos son vividos como una prolongación de uno mismo, sin considerar que algunas veces no perciben que se los somete a situaciones de gran exigencia, de éxitos o frustraciones excesivas, difíciles de procesar y asimilar. En otros casos, el beneficio económico incide de modo primordial y algunas veces ,sin darse cuenta o no tanto, se deslizan hacia un territorio de uso y/o abuso, sean los mismos padres o adultos a cargo. A veces los niños no están en condiciones de expresar su malestar, en particular los más pequeños. A veces, no tienen suficiente madurez para identificar los hechos con claridad, otras los embriaga ser “famosos por unos segundos”, otras los adultos los convencen que son dificultades al servicio de “aprender”. Convengamos que la asimetría del vínculo opera coercitivamente, aunque muchas veces ella no está precisamente construida al servicio de la autoridad del adulto para protegerlo, acompañarlo en su crecimiento y señalarle valores loables.

Tanto en lo referido a la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes frente al trabajo infantil, como así también a las programaciones y contenidos de programas en los que participan niños y niñas, además del marco legal, anteriormente mencionado referidos al trabajo infantil existen algunas regulaciones específicas sobre la participación de los niños en espacios artísticos. No obstante, es necesario tener en cuenta que si bien el trabajo infantil tiene su ámbito de definición regulado, es preciso ahondar en el concepto y la regulación de las "actividades artísticas". Estas no deberían constituirse, de manera encubierta, en actividades que puedan entrar en tensión con el derecho de los niños a la educación, el desarrollo, el esparcimiento, el juego y la infancia. El Convenio N° 138 establece que la autoridad competente podrá conceder, por medio de permisos individuales, excepciones a la edad mínima de admisión al empleo o trabajo, cuando estos tengan finalidades tales como participar en representaciones artísticas. Estos permisos deberán prever una limitación en el número de horas del empleo y prescribirán las condiciones en que pueda llevarse a cabo[6]. En el ámbito del Estado Nacional se prevé en el Decreto 4910/50 que la fiscalización del régimen legal de trabajo de personas menores de 18 años de edad en actividades artísticas, estará a cargo del Ministerio de Trabajo y Previsión, el cual acordará o denegará, en cada caso particular, las autorizaciones respectivas[7]. Respecto de las programaciones y contenidos en la que participen niños, niñas y jóvenes y/o en aquellas dirigidas a una audiencia infanto - juvenil la Secretaría de Medios de Comunicación de la Nación, refiere que es el COMFER, mediante la Resolución N°830-COMFER/02, el organismo al que compete la calificación de faltas como leves o graves según corresponda, fijar las escalas de sanciones y definir las Pautas Básicas para los contenidos de radiodifusión.


3. Consecuencias dañosas:

Decidimos centrarnos puntualmente en el daño que puede generarse en el desarrollo de los niños que se encuentran expuestos por decisión de sus padres, con la finalidad de obtener un beneficio patrimonial para el padre y/o muchas veces en especie para el niño, niña y adolescente que recibe productos de la marca que publicita.

Los niños, niñas y adolescentes son sujetos de derecho, y en consecuencia el ejercicio y protección de sus derechos deben ser garantizados, más aún cuando, su derecho a la intimidad, privacidad y dignidad le es vedado.

Gran parte de la comunicación periodística habitual reproduce y refleja la discriminación que padecen chicas, chicos y adolescentes en nuestra sociedad. Este segmento de la población, que salvo en el caso de los adolescentes estudiantes casi no tiene instancias de representación social, no es tomado como un actor social en paridad con los demás, con su capacidad de hacer aportes al conjunto que integra e involucrarse, opinar y decidir sobre los asuntos que le conciernen. Como afirma la organización internacional SavetheChildren, nuestras sociedades son “adultocéntricas”: organizadas y pensadas por adultos, en función de sus intereses y obligaciones, sobre todo para garantizar las condiciones de la productividad que el sistema les impone.[8]

Actualmente hay muchos niños que no han nacido y ya tienen un rastro o huella digital (queda en la red por muchos años), debido a que los padres se encargan de subir a la red la foto de la ecografía y de ahí todo su proceso de crecimiento.

Según un estudio en Estados Unidos, el 92 % de los menores tienen una identidad en línea a partir de los 2 años, y antes de que cumplan 5 sus progenitores ya han subido un aproximado de mil imágenes de ellos a las redes.[9] A muchos padres les gusta la idea de subir fotos de sus hijos a las redes simplemente para que amigos y parientes las vean. Por lo general, aseguran que no suben imágenes íntimas, pero sí fotos en la escuela o haciendo actividades. Sin embargo, pensemos cuántas veces escuchamos a menores de edad, puntualmente en la etapa de adolescencia negarse a una foto, o reclamando a sus padres que lo publican porque “lo pueden ver todos”. ¿Se está o no vulnerando el derecho del niño a su privacidad? ¿por qué? El niño tiene derecho a la privacidad y a la inviolabilidad del hogar. Esto significa que tienen derecho a que se respete la más profunda de sus intimidades y es responsabilidad de los padres manejar bien la información.

El exceso de exposición en las redes sociales puede ocasionar consecuencias negativas en el niño, entre ellas que se sienta avergonzado frente a los demás, ya que sus padres no le consultaron la publicación de tal foto; o lo que es peor, que cuando crezca le resulte normal tener que exhibir todo lo relacionado con su vida privada. Es decir, al no tener claridad en este tema puede ocasionar que los chicos piensen que es correcto compartir su intimidad y creer que pueden publicar información de otros, sin problemas.

Por otro lado, se debe tener en cuenta que esas fotos quedan expuestas en la red para siempre y que el menor podría experimentar bullying (acoso físico o psicológico) en la escuela o una vez pasado el tiempo de dicha publicación. Más aún, si se tiene en cuenta, que en numerosos casos ocurridos en los tribunales argentinos se han rechazado las peticiones de eliminar contenido alegando un “derecho al olvido”. A su vez, en caso de querer solicitarlo el mismo debe ser peticionado por el interesado, quien tiene la carga de probar el perjuicio que le provoca.[10]

Se debe tener en cuenta que todo lo que se sube a una red social se puede “viralizar” y estas imágenes empiezan a circular, porque los padres de los menores decidieron y dieron su consentimiento, al subir la foto a la red social y no analizaron detalladamente las condiciones de uso de las mismas , se puede trazar un paralelismo con el consumo virtual, dado que el consumidor es quien voluntariamente proporciona sus datos y no parece haber un interés en presidir en dar todos sus datos[11].

El hecho de que el pequeño se encuentre en una caracterización que lo avergüenza (desnudo en la playa o en la bañera) o en una publicidad que lo ridiculice, puede repercutir en su vida adulta. En el ámbito laboral, puede ser objeto de mofas y ciberbullying (acoso en redes), incluso, cabe mencionar que se han dado casos extremos en los que las personas que enfrentan acoso optan a veces por quitarse la vida[12].

Las campañas publicitarias generan un ingreso de dinero para sus padres, dinero que nadie controla en qué se utiliza y asimismo, que puede llevar a un exceso de trabajo del menor, quienes muchas veces no pueden desarrollar su vida e infancia con normalidad, por tener que estar expuestos a situaciones que no deberían.

Creemos que se debería considerar el principio de autonomía progresiva incorporado en el Código Civil y Comercial de la Nación, el cual interpreta que los adolescentes deberán considerarse facultados para decidir la aplicación de tratamientos médicos sobre su cuerpo, siempre que puedan comprender sus aspectos esenciales, a cuyo respecto deberá tenerse en cuenta su aptitud psíquica y física y su interés superior debiendo. Consideramos que esto tiene cierta analogía en cuanto a poder decidir si quieren estar expuestos o no, y asimismo si quieren participar en campañas publicitarias o trabajos en medios masivos de comunicación que impliquen su exposición. La autonomía progresiva debe ser tenida en cuenta a esos fines, y tratar de lograr que los padres no decidan en absoluto, dejando de lado la voluntad de los niños. Más aún, si se tiene en cuenta que en las encuestas realizadas, la totalidad de los padres ha dicho, que no le consultan a sus hijos sobre las publicaciones que de ellos realizan.[13]

ARTICULO 24 ley 26.061.— DERECHO A OPINAR Y A SER OIDO. Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a: a) Participar y expresar libremente su opinión en los asuntos que les concierne y en aquellos que tengan interés; b) Que sus opiniones sean tenidas en cuenta conforme a su madurez y desarrollo. Este derecho se extiende a todos los ámbitos en que se desenvuelven las niñas, niños y adolescentes; entre ellos, al ámbito estatal, familiar, comunitario, social, escolar, científico, cultural, deportivo y recreativo.[14]


4. Medidas preventivas - Casos y jurisprudencia:

Como bien sabemos estos posibles daños, mencionados con anterioridad, pueden finalmente consumarse y en un futuro, los niños (ya adultos) podrán reclamar al responsable por ellos. Es por ello, que es necesario actuar a tiempo y que las medidas sean a fin de prevenir o disminuir la magnitud de los daños, y no solamente de repararlos en un futuro. Hay casos en los que la justicia argentina intervino para detener la divulgación de fotos de menores en una red social, haciendo referencia a lo dañoso de la misma.

“Es así que cuando la afectación de los derechos personalísimos de una persona, en este caso particular de una pequeña niña, deriva de la divulgación de imágenes por un medio de prensa, la importancia del concepto de “daños”, el principio de reparación integral y hasta el cese preventivo de la difusión, resulta imprescindible delimitar el derecho de prensa[…]evitar la ocurrencia o agravamiento de daños, sin que ello importe un accionar inquisitivo o censurador, son tan sólo una adecuada función preventiva”[15]

Tal es el caso de un juzgado de menores de Salta que dispuso en forma inmediata el cese de cualquier publicación, reproducción o difusión —en los medios públicos y privados— de la causa judicial, vida privada y familiar de una menor, como así también ordenó evitar la viralización de un video en el que se constataron imágenes o sonidos que permitían individualizarla. Ello así a raíz de ciertos videos y filmaciones que circularon en las redes sociales y que contribuyeron a la estigmatización de la misma. En este sentido, se entendió el derecho a la intimidad como la protección contra toda injerencia arbitraria o ilegal en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, su honra y reputación[16].

Otro caso que ha sido muy conocido, es el del actor Macaulay Culkin, el joven que protagonizó la película “Mi pobre angelito” a la edad de diez años. Macaulay reconoció en muchas entrevistas que su padre lo explotaba, haciéndolo trabajar demás y utilizando el dinero generado por el niño de acuerdo a como él quería. Esto llevó a que el joven actor decidiera solicitar la emancipación a los 15 años. [17]

A fin de poder hacer efectiva la prevención de los daños causados a menores por su exposición en los medios digitales pensamos en la creación de un organismo dedicado exclusivamente al apoyo moral y psicológico de los niños que se encuentren expuestos excesivamente, así como a la protección del dinero que reciben conforme a su exposición. Pensamos, principalmente, en niños que trabajan en televisión, en publicidades, y asimismo, en hijos de personas públicas (o no públicas) que están siendo expuestos en medios digitales desmedidamente. Se trataría de un organismo integrado por profesionales de la salud, especializados en niñez, quienes podrían evaluar cada caso en concreto. Los profesionales deberán entrevistar al niño, acompañarlo y determinar si la situación de extrema exposición que este pasando, puede estar causándole daños en el desarrollo de su vida y en sus relaciones personales. Además del apoyo psicológico, el organismo procurará que el niño continúe desarrollando su vida en forma normal, continuando con su educación, su tiempo de esparcimiento y relaciones interpersonales con niños de su edad. El organismo podrá intervenir al tomar conocimiento de algún caso público o asimismo, a pedido de parte frente a una denuncia por la exposición de un niño. La financiación del organismo se generaría con parte del dinero que cada padre reciba por el trabajo de sus hijos en medios audiovisuales. Es decir, un porcentaje de ese dinero debe estar obligatoriamente destinado a la financiación de este organismo de protección a los menores, actuando las empresas como agentes de retención al momento de realizar el pago a los padres de los niños. A su vez, para el caso de aquellos padres que reciban dinero a cambio de la exposición de sus hijos, el organismo deberá retener parte de ese dinero a fin de preservarlo hasta que el niño cumpla la mayoría de edad. Eso permitirá que los padres no intenten, a través de sus hijos, generar dinero para ellos toda vez que no podrán disponer del mismo de acuerdo a su voluntad. Con la creación de este organismo se podría tener un mayor control de esta sobre exposición de los menores y en base a los resultados de las entrevistas que los profesionales tienen con los menores, se podrá determinar un cese, o disminución de la exposición del mismo.

Creemos que con el funcionamiento de este organismo evitaríamos abarrotar a los servicios hospitalarios públicos y los menores podrían estar más contenidos.


5. Conclusión:

Como conclusión del presente trabajo consideramos, en primer lugar, que la prohibición al acceso en redes sociales no es una posibilidad, así como oponerse al progreso o negarles a los hijos el uso de esas nuevas herramientas que son tan propias de su generación. Sin embargo, no podemos negar que la exposición de los niños es cada día mayor, y hacer como si la misma no existiera sería no darle importancia a un problema real, que en un futuro no muy lejano, puede traernos dolorosas consecuencias.

Si tomamos en consideración los derechos comunicacionales de la niñez y la adolescencia contemplados en la Convención de los Derechos del Niño, en la Ley Nacional n° 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, entre otras normas nacionales y provinciales, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), el Consejo Asesor de la Comunicación Audiovisual y la Infancia (CONACAI), el ministerio público de menores y la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual deberán aunar esfuerzos para morigerar los abusos sin cercenar la libertad de expresión de los niños, ni sus posibilidades de desarrollar sus talentos y capacidades artísticas, culturales y académicas mediante el uso de redes sociales, programas televisivos, o eventos deportivos masivos. Si las directrices son claras y las fuerzas actúan guardando con extremo celo la inocencia, el respeto a la voluntad del menor y su derecho a ser escuchado en un marco de igualdad jurídica, los niños podrán ser vistos por la sociedad toda como sujetos de derecho especialmente tutelados aún cuando su capacidad biológica no les permita expresarse por sí mismos en los mismos términos que un adulto.

La prevención mediante el control y la contención es, a nuestro entender, la mejor manera de tratar esta problemática. Hoy en día, nadie ve como un problema, ni se preocupa por la exposición de los niños en las redes sociales, y por lo tanto, contar con un equipo de especialistas que pueda poner su mirada específicamente en los daños que estos niños puedan llegar a sufrir, sería una útil respuesta a esta problemática. De acuerdo a las encuestas efectuadas, la mayoría de los padres dijeron desconocer las consecuencias dañosas que la publicación excesiva de imágenes podría causarle a sus hijos y a su vez, la viralización que las fotos publicadas en redes pueden alcanzar. Asimismo, la mayoría no vería lo malo en generar ingresos extras con la exposición de sus hijos “siempre que ellos estén de acuerdo”, aunque, bien sabemos, que a determinadas edades los niños no pueden manifestar su conformidad o disconformidad, simplemente, porque muchas veces desconocen la dimensión de las situaciones en las que participan.

A su vez, en base a lo que pudimos hablar con los profesionales, creemos que si bien la finalidad es evitar que los niños sufran daños a futuro, también se debe crear una red de contención para la familia y darles herramientas para que puedan ayudar a los niños de la mejor manera para que estos puedan transitar una infancia lo más normal posible. Es decir, si bien los profesionales consideran que sería importante el acompañamiento de los niños que se encuentren transitando estas situaciones ya que de esta manera se podrían evitar futuros problemas psicológicos del niño, también es importante un acompañamiento familiar, ya que como han explicado, nadie les explica cómo se debe tratar a un niño que pasa por una situación como las explicadas y, por lo tanto, que puedan ser contenidos en sus propias casas, también podría ser una buena manera de morigerar y prevenir estos futuros daños.



ANEXO

Trabajo de campo:

IVANA: Realización de entrevista a psicopedagogo y asistencia a seminario internacional sobre los derechos del niño (27/11/2019).

VICTORIA: Realización de entrevista a psicólogo y asistencia a seminario internacional sobre los derechos del niño (27/11/2019) .

MICAELA: Realización de entrevista a un adulto que fue expuesto en medios desde su niñez y asistencia a seminario internacional sobre los derechos del niño (27/11/2019).

SANTIAGO: Realización de encuesta a 50 padres de niños, niñas y adolescentes con redes sociales y asistencia a seminario internacional sobre los derechos del niño (27/11/2019).


PREGUNTAS A PSICOPEDAGOGO Y PSICÓLOGO:

  1. ¿Qué opina respecto de la situación de los niños que son expuestos por sus padres en redes sociales de manera constante? Psicopedagoga: Pienso que exponerlos de forma constante es cosificarlos. Todo el tiempo mostrando qué hace o deja de hacer, los logros que alcanzó como ir al baño, dejar los pañales, etc es tomarlo como un "premio" del que los adultos están orgullosos. Me parece perfecto que estén orgullosos, pero mostrarlo como si fuera un objeto que vendes, eso sí considero que no esta bueno. A todos nos gusta publicar cosas lindas, pero creo que con los niños hay que tener más precauciones.

Psicólogo: pienso que hoy en día es algo bastante normalizado, se hace constantemente y hasta los mismos chicos tienen cuentas en distintas redes sociales desde muy pequeños. Con respecto a si eso está mal o bien, creo que depende mucho de cada familia y de la manera en que se los expone.

  1. ¿Considera que esta situación puede generar una adicción a las redes sociales o una necesidad a estar expuesto? Psicopedagoga: No sé, quizás sería extremista pensar que puede llegar a ser una adicción pero creo que si se genera la necesidad de mostrarse, que todos te vean y comenten. Te volves dependiente de cómo el alrededor te ve y actúas para ello. Se deben disfrutar más los momentos y que los recuerdos queden en la retina de uno también.

Psicólogo: si bien creo que sería algo a largo plazo y que depende mucho de la personalidad de cada persona, creo que los niños se están acostumbrando a vivir con esa exposición desde chicos. Por supuesto que puede generar una dependecia, y que, de hecho ya se está viendo, como los nuevos adolescentes publican cada cosa que hacen en sus redes, su comida, sus actividades, sus relaciones, casi todo.

  1. ¿Cómo considera que esto podría influir en el aprendizaje y desenvolvimiento del niño en los niveles educativos obligatorios? Psicopedagoga:Todo en cantidad hace mal. Creo que se puede tomar el uso de redes como una herramienta para el aprendizaje de los chicos. A ellos les encanta usar la tecnología entonces hay que aprovecharla. Ser creativos para su desenvolvimiento. Pero siempre con cuidado porque con el tema del grooming, hay que tenerlos más controlados.

Psicólogo: la utilización de las redes por parte de los niños puede resultar muy útil, aunque también puede generar grandes distracciones. Con respecto a las publicaciones hechas por los padres, creo que lo niños no siempre tienen el control de eso. A los padres todos les parece lindo y gracioso, sin embargo, es real que quizás el niño no estaría tan de acuerdo con publicar determinadas cosas. Eso puede influir en su desarrollo, y por supuesto depende de la personalidad y el nivel de influencia que cada uno recibe.

  1. ¿Podría influir esta situación en el desarrollo de la personalidad del niño? ¿De qué manera? Psicopedagoga: Sí, todo depende del uso que se le dé. La forma y el contenido, va a influenciar mejor o peor. Ayuda mucho a la autonomía porque ellos pueden buscar información de cualquier cosa. Pero bueno esto también es un arma de doble filo. También genera aislamiento, como te decía antes, si no lo controlas. Muchos chicos pasan horas y horas sin socializar por estar metido en un juego o conversando vía red. Se pierde de un montón de cosas fuera de eso.

Psicólogo: depende mucho de cada caso en particular, pero puede generarles dependencia, aislamiento, dificultad para la relaciones interpersonales, e incluso problemas mayores en el desarrollo de su personalidad una vez adultos. La realidad es que todo impacta distinto en cada persona.

  1. ¿Considera que un niño puede sufrir daños psicológicos a raíz de una excesiva exposición que no elige? ¿Cuáles podrían ser esos daños? Psicopedagoga: Sí, creo que una excesiva exposición podría perjudicarlo. Quizás esto de creer que vive conectado todo el tiempo, o que lo están viendo si está en lí